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Hay que Perdonar

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“—Quítate el chaleco —le ordenó el anciano sin perder

El tiempo.

Musepo obedeció en silencio, lleno de curiosidad por lo

Que iría a suceder a continuación. El anciano se acercó lentamente,

Cogió la prenda de sus manos y la llevó hasta el otro

Extremo de la estancia, colgándola en la pared mediante dos

Clavos estratégicamente fijados. Luego volvió a caminar hasta

Musepo…

—Ahora, coge de la pila todo el carbón que desees, y

Por cada mal pensamiento que te invada sobre aquellos que

Te han hecho daño, lanza una piedra contra la camisa, intentando

Acertar.


Musepo frunció el ceño, extrañado ante aquella insólita

Proposición… Pero el

Anciano también se había ganado su respeto y no se atrevió

A protestar. Agachándose con escepticismo, llenó sus manos de

Piedras de carbón y se colocó en línea con el chaleco. Luego

Dejó volar su imaginación y en cuanto el primer pensamiento

De odio lo asaltó de nuevo, lanzó con fuerza una piedra

Que rebotó contra la pared; y aunque no había acertado, se

Sintió profundamente liberado. Pronto desfilaron por su

Mente los rostros de… antiguos conocidos y tantos otros que alguna

Vez lo hirieron a él o a sus seres queridos… Los pensamientos

De rencor fluían como la sangre de una herida que

Aún no se había curado, mientras las piedras restallaban cada

Vez más rápido, una tras otra, incluso a puñados… Una tras otra, agotó las piedras y,

Embebido en el frenesí, fue a por más…

Así repitió varias veces la faena, hasta quedar rendido y con

El brazo dolorido, ardiendo de odio. Luego se dejó caer sobre

El suelo, jadeando exhausto. Orgulloso, observó el chaleco… Algunas piedras, las

Menos, habían llegado hasta la prenda, manchándola con

Jirones negruzcos, aunque en general permanecía igual de

Blanca.

El anciano, que había observado la escena en silencio,

Consideró entonces que era el momento oportuno de intervenir.

Lentamente… se dirigió hacia

Las ventanas ciegas que ornamentaban la pared lateral y encendió

Un candil…

—Ven —le instó suavemente.

Musepo se incorporó con dificultad y se acercó suspirando

Gravemente… Cuando estuvo a su

Lado, el viejo lo agarró de los hombros y lo colocó de frente a

La ventana…

—Mira —ordenó.

De pronto, Musepo lo vio.

¡Su reflejo en el cristal! Era él… ¡estaba completamente negro! Solo se veían

Sus ojos blancos y sus dientes. El resto —sus brazos, su pecho,

Su rostro, incluso sus cabellos— estaba impregnado del

Hollín que despedía el carbón.

En cambio, el chaleco que pendía a su derecha seguía

Prácticamente intacto, mientras que él se había pringado de

Arriba abajo con aquella sustancia crasa.

—Cuando deseas mal a alguien —le habló el anciano—,

Sientes rabia y odio; esos pensamientos te hacen más daño a

Ti que a los demás. La mente sin corazón es como un puñal

Sin mango: hiere a su propio dueño. Quizá alguno de esos

Pensamientos llegue hasta esa persona, provocándole algún

Daño, tal como ha sucedido con el chaleco; pero siempre el

Tuyo va a ser mucho más grave. Muchas veces, incluso, esa

Persona ni siquiera se percatará de lo que piensas… O, simplemente,

No le interesará… ¿Entiendes? Solo sufrirás tú.

—Guardó un ligero silencio antes de continuar—. El odio

Es solo una muestra de falta de inteligencia. —Musepo asintió

Con la cabeza, paralizado, sin apartar los ojos de su reflejo—.

Hay que perdonar —insistió el anciano—, aunque sea por

Amor a uno mismo, por la propia felicidad.”
Fuente: exitoyprosperidad.net

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